lunes, 24 de noviembre de 2014

Las dos caras de la victoria



El Real Madrid continúa instalado en la zona más alta de la tabla y con una vida jubilosa. En Eibar volvió a ganar y lo volvió a hacer con una goleada. También es cierto que el colegiado ‘echó’ una mano en el primer tanto madridista. Ayuda que no necesita el equipo blanco ni lo merece un equipo tan modesto a la vez que apreciable como es el Eibar. El equipo guipuzcoano fue la decimocuarta víctima que cae en las garras de Ancelotti de forma consecutiva. El Real Madrid ha conseguido apagar todos los incendios surgidos en lo que va de temporada. El más grave fue el foco de la portería y ese debate ya parece muy lejano. El último se ha apagado este fin de semana y el bombero ha vuelto a ser Isco. El malagueño se reubicó y fue el encargado en hacer olvidar a Modric tras su lesión con Croacia y lo solventó con nota. Se le vio menos en ataque, pero el equipo se sirvió de su sacrificio y mantiene un ritmo de martillo pilón en la Liga.

Otro sabor tuvo la goleada del Barcelona al Sevilla. El segundo triunfo azulgrana consecutivo, ante uno de los equipos más en forma en el indicio liguero, quedó en un segundo plano por Leo Messi. Primero porque el hat-trick del argentino dejó atrás el récord de goles de Zarra y lo apuntaló con 253 tantos. Una hazaña brutal, que a la vez ensalza al mítico delantero del Athletic de Bilbao de las décadas de los 40 y 50. Y segundo por el amargo sabor de boca que dejó lo que debería haber sido una fiesta. Al término del partido se pudo ver a un Messi feliz, natural y en buena sintonía con los suyos. Sobre el césped, el 10 argentino fue manteado, mimado e incluso el actor principal de un pasillo que le brindaron sus compañeros.

Pero con el paso de los minutos la celebración se tornó en algo grotesco. Era algo parecido a la moda de los ‘muertos paraos’ de Puerto Rico, aprovechar un velatorio para hacer una fiesta (las declaraciones de Messi la semana pasada hablando sobre su futuro olían a muerto). La directiva emitió mensajes de barcelonistas en los videomarcadores y la grada se puso de uñas cuando le llegó el turno a Bartomeu y Zubizarreta. El mensaje quedó claro: la afición no aprueba que el presidente siga ocupando una silla que no se ganó en las elecciones y tampoco aprueba los fichajes del director deportivo. Y para colmo, a las pocas horas se confirmó una nueva lesión de Vermaelen, uno de las apuestas de Zubizarreta el pasado verano que todavía no se ha vestido corto.

Volviendo a las revueltas aguas de Barcelona, añadir que Leo Messi no quiso hacer declaraciones en ese día histórico. Se escabulló del periodista a pie de campo como buen delantero al término del pasillo y después no salió a zona mixta ni tampoco quiso hablar para la televisión del club, un medio que jamás le habría realizado una pregunta incómoda tras dejar abierto su futuro. Y después de todo, algo queda claro: las victorias pueden tener dos caras.

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