lunes, 1 de diciembre de 2014

Los radicales toman el fútbol español


En España no se habla de fútbol. De nada importa la racha victoriosa del Real Madrid, ni el triunfo agónico del Barcelona ante el Valencia. Absolutamente todo pasó a un segundo plano por culpa de una pelea entre radicales del Atlético de Madrid y el Deportivo de la Coruña que terminó con un fallecido, 21 detenidos y un centenar de identificados.

Porque en España es algo recurrente mirar más allá de las fronteras. Unas veces por envidia y otras por consuelo. Los despreciables grupos que se refugian en el fútbol para usar la violencia son acontecimientos que se dan fuera de España. O eso cree la mayoría. Se piensa que es un azote del fútbol sudamericano y en contadas ocasiones se contagia al fútbol europeo. Pero la historia revela que la violencia en el fútbol español no es un caso aislado. Once personas no han vuelto a su casa después de un día de fútbol por culpa de la violencia desde 1982. La última ha sido Francisco Javier Romero Taboada. Un hincha del grupo más violento del Deportivo de la Coruña. Jimmy, como le conocían en A Coruña, sabía que su viaje a Madrid iba a terminar en una pelea con el Frente Atlético. Ambos grupos radicales, Riazor Blues y Frente Atlético, quedaron el pasado miércoles para pegarse antes del partido. Sólo que los violentos coruñeses se las ingeniaron para que la policía no sospechara al alquilar un autobús en otra ciudad.

Por eso el cuerpo policial no consideró el partido de alto riesgo y no escoltó los autobuses kilómetros antes de entrar a Madrid ni reforzó la presencia policial como hacen en encuentros peligrosos. Los autobuses en los que viajaba este grupo hizo paradas durante el viaje y la última tuvo lugar a 35 kilómetros de Madrid donde reclutaron más ‘músculo’. Para entender mejor las causas de la barbarie hay que tener en consideración un par de datos. Todo comenzó el pasado mes de mayo cuando varios hinchas del Atlético de Madrid celebraron el título liguero en la fuente donde se celebran los triunfos del Deportivo de la Coruña. La facción más agresiva del equipo gallego no lo toleró y prometió venganza a la primera oportunidad. Y el domingo 30 de noviembre era el día marcado en rojo en el calendario para pagar aquella provocación. Los radicales partieron hacia Madrid preparados para la pelea e incluso sumaron integrantes del grupo ‘ultra’ del Rayo Vallecano y del Alcorcón. Ambos de la misma ideología, extrema izquierda. Y en Madrid esperaba el Frente Atlético, de extrema derecha.

Hasta aquí los antecedentes que motivaron la tragedia. Lo que sucedió desde las 8:40 hasta las 9:00 ya se ha visto en casi todos los rincones del mundo. Dos grupos de energúmenos sembrando el caos en las inmediaciones del Vicente Calderón con lanzamiento de bengalas, sillas, piedras, botellas… Y las cafeterías abiertas a esas horas denuncian el hurto de cuchillos que después usarían en la pelea.

Un integrante del Frente Atlético confesaba en la noche del domingo que la pelea estaba pactada desde hace días vía WhatsApp. Según este testigo, Jimmy intentó apuñalar sin éxito a dos integrantes del grupo radical rojiblanco. La represalia no se hizo esperar y diez integrantes le golpearon con brutalidad provocándole un traumatismo cráneo-encefálico. Después cayó al agua. No se sabe si lanzado por sus agresores o como forma de huida. Lo cierto es que cuando fue rescatado, veinte minutos después de la primera llamada a los servicios de urgencias, presentaba hipotermia y parada cardiorrespiratoria además del traumatismo.

Y tres horas después comenzó el partido que nunca se debió jugar. La Liga de Fútbol Profesional, por medio de su presidente (Javier Tebas), se puso en contacto con la Real Federación Española de Fútbol para suspender el encuentro. Pero nadie atendió el teléfono hasta diez minutos antes del inicio del encuentro. Fueron 90 minutos de silencio sepulcral, sólo alterado de vez encunado por los cánticos del Frente Atlético, pero rápidamente silenciados por las ‘personas’ del Atlético de Madrid. Porque a los otros no se les puede considerar personas.

Y ahora la pregunta es: ¿qué hacen los clubes españoles para luchar contra estos grupos? Curiosamente los equipos con mayor alcance, Real Madrid y Barcelona, son los únicos que han movido ficha. El primero fue el equipo azulgrana en 2003 cuando Joan Laporta echó del Camp Nou a los Boixos Nois, la facción más radical. Este envite le costó amenazas de muerte. El año pasado Florentino Pérez hizo lo mismo con los Ultras Sur en el Santiago Bernabéu. El lugar de este grupo de extrema derecha fue reemplazado por una grada joven llamada grada 93.

Lo normal es que se tomen cartas en el asunto después de lo ocurrido. Porque el fútbol es para disfrutar, olvidar, vivir... Pero el fútbol no es para morir. Y tampoco para grupos de radicales que se refugian en un campo de fútbol para armar sus batallas políticas.

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